jueves, 29 de noviembre de 2012

Día 0.

No sé con qué asiduidad, porque eso es complicado de predecir, los factores externos siempre influyen mucho, niñas, trabajo, etc., pero a partir de hoy, tengo el firme propósito de utilizar esta herramienta para ir contando mi día a día con mis hijas adolescentes.

Como ya he contado tengo tres hijos, el mayor ya ha pasado esa etapa de la adolescencia y se ha convertido en un joven de 21 años que tras finalizar sus estudios de Bachiller ha continuado con su formación universitaria en Inglaterra, y que sólo viene a casa en vacaciones. Para alegría de sus padres cuando viene y peleas de sus hermanas, ya que aunque la casa es amplia, cuando él no está en casa su habitación pasa a ser el objeto de mayor deseo de sus hermanas. Decir que ellas comparten habitación, ya que así lo quisieron cuando hicimos la casa, quisieron una habitación grande para las dos en vez de dos habitaciones individuales, y aunque hay días que están encantadas (la mayoría) también hay otros días (propios de la adolescencia donde no quieren saber nada de nadie) en los que protestan por tener que compartir habitación. Y ahí es, donde la habitación de su hermano se convierte en el sitio más deseado para ver quién se queda con él, aunque hay días que después de la típica disputa que si mía que si tuya, a última hora del día están las dos echadas sobre la cama de su hermano hablando o viendo la tele (ya que su habitación no tiene tele)... adolescentes!!!.Por eso, cuando su hermano regresa a casa protestan ya que la habitación pasa a tener el cartel de OCUPADO.

Mi día a día, como el de millones de mujeres trabajadoras y madres de familia comienza oyendo los típicos "gruñidos" de "llegaré tarde por su culpa, que tiene que lavarse el pelo a estas horas" "date prisa que tengo examen a primera hora", etc. Como vivo a las afueras tengo que llevar a las niñas al colegio todos los días en coche, las dejo a la puerta y yo salgo pitando para mi puesto de trabajo. Por tanto, tenemos que salir las tres de casa ya totalmente dispuestas para pasar ocho horas fuera de casa, duchadas y teniendo en cuenta que son adolescentes y que una se tiene que poner la crema que disimula los granos, la otra pintar la raya y yo tengo que salir preparada, se convierte en momento locura, menos mal que tenemos un baño para cada una!!!! Eso sí, mi marido conocedor de lo que supone salir todas a la misma hora de casa y preparadas o se va de casa antes de que empezemos o espera en la cama sin rechistar hasta que salimos de casa, pero no se le ocurre hacerlo a la vez que nosotras, creo que nos teme jejeje

A mediodía las recojo a la puerta del colegio, donde las espero pacientemente con el coche en doble fila, y ahí suele ser habitual empezar a oir alguna protesta tipo "¿por qué mi hermana siempre tiene que salir de las últimas?" (no siempre dicho por la misma) . Si hay suerte, suele ser habitual a esas horas, salen las dos de buen humor y se van quitando la palabra una a otra para contarme cómo les ha ido la  mañana, clases, notas, exámenes y luego empiezan los cotilleos y las risas, y antes de que nos demos cuenta ya estamos en casa. Hay otros días en los que alguna de ellas, no se sabe porqué, no quiere hablar y le molesta todo, lo que da pie a su hermana, yo creo que con pleno conocimiento de causa, a decidir hablar más, estar más simpática y agradable que nunca, lo que hace acrecentar el  malhumor en la otra. Y luego existe la tercera variante, no suele darse muy amenudo, pero existe y no es leyenda urbana, en la que salen las dos enfadadas con el mundo mundial y sin querer hablar con nadie, al menos de los presentes en el coche, ya que se afanan las dos aporreando las teclas de su blacberry con tal rapidez y fruicción que da la sensación de que en cualquier momento puedan explotar, y así llegamos a casa.

Y ahí las variantes y diferentes posibilidades de cómo transcurra la tarde ya son múltiples y variadas, dependiendo de cómo hayan salido del colegio y de sus actividades extraescolares, pero sobre todo, de su humor. Cada día es distinto al anterior siempre susceptibles a variación, como el humor en un adolescente.

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